Buenos Aires – Punta del Este en el Kraken; 2014

Atardecer en Playa Mansa

Atardecer en Playa Mansa

A Punta del Este en el Kraken – 2014

El sábado 22 de febrero a las 19 hs, el Kraken (Pandora 360) con sus tres tripulantes partió del Club Náutico San Isidro con destino a Punta del Este (R.O.U.). Ésta vez los navegantes a bordo fueron Mario Pinnel, Madelaine Navarro y Pablo Furchi.

Con viento leve del Este, mayor a tope y motor se fueron alejando hacia las costas orientales. Tras pasar el canal Mitre, el viento y las olas en crecimiento obligaron a seguir a motor avanzando a la lamentable velocidad de 2 a 4 nudos.

Estando al través de Colonia del Sacramento, el viento de 12 nudos viró al Noreste, permitiendo desenrollar el genoa y navegar en ceñida a 7 nudos con rumbo directo a La Panela.

Con el viento yendo y viniendo del sector Noreste al Este pasaron toda la primera noche. Al amanecer del domingo 23 pasaban por el través de Cufré y 24 horas después de la partida, dejaban a popa La Panela y el canal de acceso a Montevideo.

Anocheció 5 millas después de pasar el Emisario de Buceo. El viento siempre de 10 a 15 nudos fue rotando lentamente del Noreste hasta el Norte, transformándose en un terral suave y divino que, acompañado de un cielo despejado hizo disfrutar de una noche de insomnio como todos los navegantes y los no navegantes desean. Las estrellas cobijaron hasta el horizonte gracias a los escasos resplandores de las ciudades cercanas. Mientras esperaban la salida de la luna en su cuarto menguante, saborearon los astros mientras algunas noctilucas bailaban en la estela del Kraken como las burbujas en los vasos de cerveza.

La luna salió cerca de la 01 hs, siendo esa aproximadamente la hora de la bajamar, ya que el establecimiento de puerto medio de la zona indica 0 hs 9 minutos.

A pesar del sueño acumulado de dos noches sin dormir, la cubierta invitaba a seguir despierto y prácticamente así fue.

Unas horas antes del amanecer, pasando por Punta Ballena, se veían luces altas cerca de la Isla Gorriti. Al acercarse descubrieron que sobre la playa Mansa estaban fondeadas varias Fragatas engalanadas con sus típicas luces sobre las jarcias. Entre ellas se encontraban la argentina, la colombiana, la brasilera, la Goleta uruguaya y algunas más.

Arribaron al puerto de Punta del Este a las 07 hs del 24 de febrero, media hora después de asomarse el sol por detrás del horizonte, cumpliendo el periplo en 36 horas desde San Isidro.

Primera actividad del día: solucionar un inconveniente con la electricidad del muelle.

Segunda y más importante actividad del día: dormir hasta agotar el cansancio.

Despertaron al mediodía y se encontraron con las Fragatas izando las velas y partiendo hacia el puerto de Mar del Plata. Un hermoso espectáculo poco común de apreciar.

Tras siete días de hermosos paisajes, navegando por la Isla Gorriti, Playa Honda, Puerto Jardín, Punta Ballena, Playa Mansa y Brava, un poco de surf, caminatas y mucha actividad culinaria, emprendieron la vuelta no sin nostalgia de saber que falta un año para el próximo verano.

El pronóstico era por un lado alentador pero por el otro algo deprimente. Alentador porque el viento sería franco, soplando del Este durante algo más de 24 horas. Y deprimente porque luego viraría al Oeste. Pero lo maligno no era el viento en contra sino el sistema de baja presión que estaba potenciándose sobre el sur de la Mesopotamia y todo el territorio uruguayo. Estos ciclones son bastante impredecibles y pueden fortalecerse y cambiar en pocas horas. Por eso obligaba a realizar el trayecto con suma cautela, esperando un cambio desfavorable en el tiempo.

Estando el centro anticiclónico al sur, alrededor de los 40º de latitud, viento de altura del Noroeste con su vaguada cerca de la Cordillera de los Andes y el ciclón en potencia podía, dependiendo del ciclón, generarse una Sudestada. Por supuesto, fue esto último lo que se instauró.

Partieron a las 07 hs del lunes 3 de marzo. Viento leve del Este, un poco de motor y otro de vela. Cielo nublado y alguna llovizna. A media mañana pudieron navegar a vela, a orejas de burro y a 6 nudos se deslizaban sobre un mar de fondo tranquilo.

El viento iba del Este al Este Sudeste aumentando de a poco hasta llegar a los 20 nudos. Enrollaron la vela mayor y a pura genoa, en las barrenadas llegaban a 12 nudos de velocidad límite; logrando un promedio de 8 nudos.

Al través de la Isla de Flores, llegó el primer almuerzo, encargándose Pablo de hacer un guiso de lentejas; rehogando cebollas, morrones y chorizo colorado. Era menester alimentarse bien mientras Eolo y Neptuno lo permitieran, ya que podría llegar a ser el único alimento ingerido en todo el viaje.

Dejaron a popa La Panela y recién llegó la noche teniendo por la aleta la bahía Santa Lucía. Navegaban muy rápido, a un promedio desde la salida de 7,3 nudos.

Gracias a una última conexión a internet estando al través de Montevideo, se confirmó que estaban en plena formación de una sudestada. Ya no habría vientos del Oeste, sino todo Este y Sudeste para el lunes y martes en aumento. Como en todo centro ciclónico en potencia, las ráfagas podrían llegar a los 30 nudos o más y se esperarían tormentas eléctricas.

Para ese entonces, los cirrocúmulos y las nubes medias indicaban que el baile comenzaría en breve.

Antes que nada se pasó a darle fin a las lentejas que sobraron del mediodía y a estrenar el pollo al espiedo que lindo quedaba en la heladera con su paquete.

A continuación se desconectó el piloto automático ya que con viento en popa no funciona bien, así que sería una noche de timón, guardias y paciencia.

En la madrugada tan sólo se veían los resplandores de las ciudades más cercanas, noche totalmente cubierta y el viento en popa de 20 nudos con rachas de 25. La genoa un poco enrollada y el barco navegando muy rápido manteniendo el promedio.

Cada tanto, las iluminaciones de las ciudades del norte desaparecían, cubriéndose de nubes bajas con lluvias que luego de un rato llegaban al barco horizontalmente con las rachas de viento.

Al rato volvían a aparecer las luminosidades por el norte y desaparecían las del oeste y sudoeste cuando llegaba la lluvia a Buenos Aires.

Pasaron la noche en vela barrenando olas a buena velocidad. Pasaron Riachuelo antes de la salida del sol y ésta se produjo justo antes de cruzar el canal de Farallón a la altura del Km 60,1.

Se veía Colonia un poco clara hasta que un chubasco pasó rozando la ciudad haciéndola desaparecer. Llegaron ráfagas de hasta 35 nudos y viento constante de 25 nudos con lluvia horizontal y las olas muy grandes para esa zona del Río de la Plata. Una verdadera batidora, sobre la cual el Kraken corría presentándole la popa a las olas y saliendo en surf a 11 nudos con algunas orzadas peligrosas.

El trayecto de 20 millas que une el canal uruguayo con el Pilote 7 se realizó en 2 horas y media recibiendo un chubasco cada media hora aproximadamente.

Tras cruzar el canal Mitre, el viento rotó al Noreste y luego al Norte disminuyendo su intensidad hasta 15 nudos mientras el velero pasaba por el canal costanero acercándose a su club de origen. Al cual llegó 29 horas después de haber salido de Punta del Este.

A continuación brindis con cerveza uruguaya y más lentejas, trámite en Prefectura, despedida y a dormir un día entero antes de empezar a soñar con el próximo puerto.

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