Buenos Aires – Mar del Plata en el Moitessier

Bautismo de mar del buque escuela Moitessier

A Mar del Plata en el Moitessier

Aprovechando los días libres de semana santa, el miércoles 27 de marzo del 2013 a las 23:00 hs  se reunieron en el nuevo buque escuela seis navegantes. Cuatro alumnos Patrones de la institución y dos Pilotos: Sofía Ávila, Marcelo Floreano, Gonzalo Dal Bosco, Alfonso Carro, Esteban Fulop y Pablo Furchi.

Partieron de la Federación de Clubes Náuticos de San Isidro, con la luna llena como testigo. El puerto de destino ésta vez fue Mar del Plata.

Moitessier es el nombre del velero oceánico de la escuela de náutica, en honor al gran navegante francés lleva su seudónimo. Es un modelo Wibo 945, diseño de Van de stadt y construido en acero naval.

En ésta ocasión, se rebautizó el barco a través de un viaje de instrucción oceánico con los Patrones de Yate.

Al partir de San Isidro, el viento soplaba del Este con una intensidad de 12 nudos, el cual los hacía navegar en ceñida con rumbo hacia el canal de acceso a Buenos Aires.

Fue una noche increíble, muy limpia e iluminada por la luna llena. Ni una sola nube en el cielo y temperatura agradable que invitaba a quedarse despierto toda la noche.

Amaneció estando al través de La Plata y el viento disminuyó hasta calmarse totalmente, con lo cual se recurrió a la navegación a motor. La máquina de éste velero es un Volvo Diesel de 18 Hp, el cual lo hace navegar a 5 nudos sin esfuerzo alguno.

A medida que pasaban las horas, y como estaba pronosticado de antemano, el viento fue rotando hacia el Noreste, recibiéndolo por la aleta, el velero se arrastraba a 4 nudos en las cercanías de Punta Piedras e inicio de la bahía Samborombón. Navegaron toda la segunda noche a través de la misma y cerca de Punta Rasa del Cabo San Antonio vieron la luz roja de babor de un velero que se acercaba por la popa con el mimo rumbo. En el Puerto de Mar del Plata descubrieron que era el Náutico II, barco escuela del Club Náutico San Isidro, que recorría la misma travesía que el Moitessier.

El viento seguía siendo favorable, con tendencia a virar al Norte, obligando a la tripulación a instalar el tangón para la maniobra de orejas de burro. El amanecer los sorprendió flotando en aguas saladas y cristalinas de color esmeralda frente a las costas de Mar del Tuyú y Las Toninas. Al clarear el día, se decidió izar el spinnaker, vela prestada en ésta ocasión por Esteban Fulop, ya que el spi de Moitessier fue reventado por el viento unos meses atrás, sin posibilidad de reparación.

La navegación fue muy tranquila, por ende los tripulantes podían alimentarse de manera sustanciosa. Entre los primeros menús hubo milanesas con ensalada, empanadas y un almuerzo frente a Pinamar de arroz con atún y ensalada de papas, huevos y mayonesa.

Toda la jornada por el mar fue encantadora, con oleaje muy suave y el cielo despejado que incitaba a sumergirse para ver el quillote del barco suspendido sobre el agua transparente. Fue un día muy caluroso y se disfrutó mucho. Encontrar sombra a bordo fue un problema pero a medida que pasaban las horas, la botavara y las velas ofrecían un poco de fresco reparo.

Durante todas las noches de ésta etapa, se enriquecieron con la salida y puesta de la luna llena en toda su majestuosidad, ya que nunca hubo una sola nube en el cielo.

La última cena a bordo en navegación fue estando frente a las costas de Mar Chiquita. Se cocinó una tortilla gigante de papas. Pesaba más de dos kilos, se utilizaron unas ocho o diez papas, dos cebollas rehogadas y una docena de huevos. La intensión fue hacer un tentempié antes de la cena, pero dado el tamaño exagerado del mismo, terminó siendo entrada, plato principal y postre. El wok a bordo hace verdaderas maravillas culinarias.

Ingresaron al Puerto de Mar del Plata a las 05:00 hs del día sábado 30 de marzo, dando por finalizada la etapa inicial del viaje. La navegación duró en total 55 horas desde San Isidro. Fue un record, no de tiempo, sino de placentera navegación. En todo el recorrido se navegó con mayor a tope, genoa 1 y spinnaker. Ni un sólo rizo en las velas, un gran logro para nuestros bravos mares del sur.

Descansaron en puerto pero no mucho. El mismo día sábado era necesario levantarse temprano y hacer el pronóstico meteorológico para el retorno a Buenos Aires.

Luego de los largos trámites de entrada al puerto en Prefectura Naval Argentina, la tripulación completa se deleitó con unos ricos mariscos en el restaurante del YCA Mar del Plata.

Posteriormente evaluaron las cartas del tiempo y decidieron que tenían que partir al otro día temprano, ya que ingresaba un anticiclón en la zona atlántica, trayendo vientos del sector Sur, rotando al Sudeste y luego al Este. No duraría más de 24 horas este viento antes de virar al Noreste. Con lo cual los obligaba a partir lo antes posible.

De todas formas, vieron necesario dormir bien antes de salir nuevamente al mar, por más que se pierdan algunas horas de viento franco. Por ende, pusieron como hora de partida las 8:30 am del domingo 31 de marzo.

Sabiendo ya el momento de regreso, se prosiguió a llenar el tanque de gas oil gracias a la ayuda de los padres y la abuela de Pablo Furchi, quienes fueron de visita al puerto con su automóvil. Al finalizar las tareas de alistamiento, terminaron la tarde placenteramente tomando mates todos juntos a bordo.

Hubo intercambio de tripulantes. Llegó uno nuevo para la merienda, Luis Navarro, quien arribó al puerto de Mar del Plata en ese mismo momento para realizar la etapa de regreso, ocupando el lugar de Marcelo Floreano.

A la hora pactada del domingo se encaró el regreso. El mar estaba muy sereno, ya que el viento soplaba suave del Sudoeste. Estando al través de la escollera norte, se cruzaron con el Lady Laura II, que llegaba al puerto desde Buenos Aires, llevaba a David Ramírez a bordo, alumno de la escuela de náutica. Se gritaron y dedicaron buenos augurios entre ambas tripulaciones.

Media hora más tarde, el Náutico II partió también del puerto para emprender la vuelta a casa. Se adelantaron en las proximidades del Cabo Corrientes, hubo saludos y fotografías.

La travesía comenzó tranquila, el viento soplaba de aleta a no más de 14 nudos. El cual permitía navegar con mayor a tope y genoa III, ya que sería un error colocar el genoa de enrollar, porque al no andar el enrollador podría trabarse en el momento de arriar la vela y hacer peligrosa la situación. Por lo tanto se usó el estay de trinquetilla.

El barco avanzaba a 5 nudos mientras los tripulantes desayunaban y el timón de viento, llamado Bernard, se ocupaba de la tarea más forzosa de a bordo.

La presión atmosférica estaba en su pico máximo de 1020 Hpa, con lo cual el viento comenzaría a rotar por el Sur hacia el Este al comenzar su descenso, así que se decidió orzar un poco más allá del rumbo correcto al Faro Querandí como precaución.

El cielo se fue nublando por completo y la bruma no permitía ver la costa. El sol desapareció y no volvió a verse en todo el viaje de vuelta.

El rumbo más orzado era hasta pasar el Faro de Punta Médanos, el cual fue dejado en la estela a medianoche. El viento para ese entonces soplaba a 22 nudos, y el barco iba con mayor a tope y un yankee de 14 m². Las olas crecían de tamaño, con lo cual hacían derivar, aunque no mucho al Moitessier. Por lo tanto, luego de pasar dicho Faro, no hizo falta derivar, seguían con el mismo rumbo para poder pasar el Cabo San Antonio.

Al despuntar la mañana el viento seguía aumentando y las olas crecían de tamaño. Viento: 26 nudos. Olas: 2 metros. Big Waves: 4 a 5 metros.

Se prosiguió tomando rizos en la mayor a medida que incrementaba el viento. Al mediodía del 1 de abril, estando al través del Cabo San Antonio, soplaban rachas de hasta 32 nudos. La mayor estaba con su tercer rizo y el yankee en proa hacían navegar al buque a 7 nudos de manera muy equilibrada.

En caso de que siguiera en aumento el viento, todavía quedaba la opción de izar el foque de 9 m2 y luego el tormentín de 7 m2. Pero no hizo falta.

Atravesaron la bahía Samborombón con olas grande del través, que rompían a bordo de la embarcación. El tambucho de proa, a pesar de su nuevo burlete, dejaba pasar el agua al interior, lo que hacía mojar el camarote – taller de proa cada vez que una ola cruzaba la cubierta.

No se pudo probar bocado, más que algunas cucharadas de miel y galletas marineras. Recién, estando al través de Punta Piedras, siendo ya de noche nuevamente, pudieron darse el lujo de comer galletitas de agua untadas con atún y paté. Más tarde unos mates y las olas iban disminuyendo su tamaño a medida que el agua se tornaba de color marrón. La espuma del agua salada los acompañó casi hasta Punta Atalaya.

Se veía en tierra, por el Oeste y Noroeste llover con gran actividad eléctrica, pero en el río sólo caía una llovizna que les iba de maravilla a la tripulación para quitar la sal de sus trajes de agua y al barco para enjuagar sus velas.

El amanecer sucedió pasando por el puerto de La Plata, esquivando los buques fondeados en la Rada. La mañana fue lluviosa pero al estar tan mojados por el mar, no se sentían las pequeñas gotas sobre el cuerpo.

Siendo las 11 hs del día 2 de abril arribaron al puerto de San Isidro, luego de 51 horas de movida navegación.

La tripulación se reunió en una parrilla de la zona para brindar con un rico almuerzo y un sabroso vinito, y así dar por finalizada ésta travesía de 6 días a bordo del Moitessier.

Soluciones a tener en cuenta en el barco antes de volver al mar:

Cambio de burletes de tambucho de proa y pañoles de popa. Agregar una chubasquera rígida. Arreglar el piloto automático y repasar el timón de viento. Cambiar los pisos del interior por tablas más gruesas y fijarlas a la estructura del barco. Arreglar luz del compás magnético. Pasar la segunda driza de genoa enrollable, ya que al no tener el nudo llano múltiple en el chicote, se fue por dentro del mástil y no hubo otra solución más que quitarla. Arreglar el enrollador de genoa y pintar el fondo.

Para ver las fotos de éste viaje, visite nuestro sitio en facebook.

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Un comentario en “Buenos Aires – Mar del Plata en el Moitessier

  1. Como tripulante del Moistessier en esta travesía, no quería dejar de agradecer al resto de la tripula y al Arq. Pablo Furchi, ya que ha sido de GRAN placer y aprendizaje compartir esta travesía- bautismo, 6 días a bordo del buque escuela – El gran Moitessier –
    Brindo por muchas travesías mas para el Wibo y su Piloto!!!

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